Entrenamiento de potencia tras un ictus: por qué la velocidad importa tanto como la fuerza

«Ya hacemos ejercicios de fuerza en las sesiones, ¿para qué necesito entrenar potencia también? ¿No es lo mismo?»

Es una pregunta que nuestros pacientes de Neurem nos hacen con frecuencia cuando, dentro del programa de rehabilitación tras un ictus, empezamos a introducir ejercicios explosivos: levantarse rápido de una silla, un empuje veloz de piernas contra resistencia, un paso rápido hacia delante para recuperar el equilibrio.

La respuesta corta es que no, no es lo mismo. Y esa diferencia —entre mover una carga despacio y moverla rápido— puede marcar buena parte de lo que una persona recupera tras un ictus en términos de autonomía real.

Fuerza y potencia no son lo mismo

La fuerza máxima es la capacidad del músculo para generar tensión, sin que el tiempo sea la variable importante. Es lo que entrenamos, por ejemplo, cuando pedimos mover una carga pesada de forma lenta y controlada, serie tras serie. Fuerza máxima es la que tengo que hacer si quiero mover un armario muy pesado en una mudanza, movimientos muy breves que aplican toda la fuerza posible.

La potencia añade un ingrediente distinto: la velocidad. Potencia es la capacidad de generar la máxima fuerza posible en el menor tiempo posible.

Y ese «rápido» es exactamente cómo se comporta el cuerpo humano en los momentos que de verdad importan en el día a día: cuando tropezamos y necesitamos recuperar el equilibrio antes de caer, cuando nos levantamos porque suena el timbre, cuando cruzamos un paso de peatones antes de que cambie el semáforo.

Un músculo puede ser fuerte y, aun así, lento para reaccionar. Ese desfase es precisamente lo que muchas personas arrastran tras un ictus, y es la razón por la que en los últimos años la evidencia científica ha empezado a mirar con mucho más detalle el entrenamiento de potencia como herramienta específica de rehabilitación.

Qué le ocurre a la musculatura después de un ictus

Tras un ictus, el músculo del lado afectado —y en menor medida también el lado no afectado— pierde masa y calidad de forma acelerada. A la lesión neurológica se suma casi siempre un periodo de inmovilidad y esa combinación golpea de forma especialmente dura a las fibras musculares tipo II, las fibras rápidas, responsables precisamente de generar fuerza explosiva.

Es lo que en los últimos años se conoce como sarcopenia post-ictus: una pérdida de masa y función muscular que va más allá del envejecimiento normal y que limita directamente la capacidad de reaccionar rápido, recuperar el equilibrio o levantarse con seguridad.


Un ensayo publicado en 2025 en la revista Life aborda directamente este problema, diseñando programas de entrenamiento de potencia de alta velocidad para pacientes con sarcopenia tras un ictus, con mejoras en fuerza, equilibrio y marcha (Kang & Park, 2025).
Entrenar solo fuerza lenta no repara ese componente de velocidad. Para recuperarlo hace falta entrenarlo de forma específica.

Qué dice la evidencia sobre el entrenamiento de potencia

La investigación de los últimos años es cada vez más consistente en un punto: entrenar a alta velocidad no solo es seguro en personas con ictus, sino que produce beneficios que el entrenamiento de fuerza convencional, más lento, no consigue por sí solo.

Un estudio publicado en 2023 en Clinical Biomechanics sometió a 22 personas con ictus crónico a 24 sesiones de entrenamiento de potencia en 8 semanas. Los resultados mostraron mejoras en la velocidad de desarrollo de la fuerza del cuádriceps del lado afectado, asociadas a mejoras clínicamente relevantes en la marcha y en la distancia recorrida en el test de 6 minutos (Williams et al., 2023).

Un trabajo anterior, publicado en Topics in Stroke Rehabilitation, aplicó un programa de potencia —prensa de piernas, saltos, elevaciones de talón, sentarse y levantarse, subir escalones y marcha rápida— a personas con ictus crónico. Quienes respondieron al entrenamiento mejoraron de forma significativa la velocidad de marcha cómoda, la velocidad de marcha máxima, la distancia recorrida en 6 minutos y la potencia de rodilla en ambas piernas, no solo en la afectada (2017).

Y el beneficio no se limita al miembro inferior. Un ensayo publicado en Journal of NeuroEngineering and Rehabilitation combinó práctica funcional con entrenamiento de potencia en el miembro superior, y encontró ganancias neuromecánicas y funcionales superiores a las que produce la práctica funcional por sí sola (2013).

Por qué esto se traduce en autonomía real

Todo esto no es solo un dato de laboratorio. La potencia muscular está directamente relacionada con las tareas que más preocupan a un paciente y a su familia tras un ictus: levantarse de una silla sin ayuda, subir un escalón sin quedarse a medias, dar un paso rápido para no caer cuando el cuerpo pierde el equilibrio.

Ese último punto es, quizás, el más relevante. Las caídas son una de las complicaciones más frecuentes y más temidas tras un ictus, y la capacidad de reaccionar rápido —no solo de tener fuerza— es en muchas ocasiones lo que marca la diferencia entre recuperar el equilibrio o acabar en el suelo.

Cómo lo aplicamos en rehabilitación

Entrenar potencia después de un ictus no consiste en «hacer las cosas más rápido y ya está». Requiere una valoración previa —de espasticidad, riesgo cardiovascular, control motor, estado cognitivo— y una progresión cuidadosa: se empieza con cargas y velocidades seguras, se prioriza el control del movimiento antes que la velocidad máxima, y se supervisa de cerca cada sesión.

En Neurem integramos el entrenamiento de potencia como un componente más dentro de un programa de rehabilitación individualizado, combinado con trabajo de fuerza convencional, marcha, equilibrio y tareas funcionales. No sustituye a nada de lo anterior: completa la pieza de velocidad que el resto del programa no cubre.

Conclusión

La fuerza construye la base. La potencia es lo que permite usarla a la velocidad que exige la vida real. Cada vez hay más evidencia de que entrenar específicamente esa capacidad —generar fuerza rápido— aporta beneficios en marcha, equilibrio y autonomía que el trabajo de fuerza lenta, por sí solo, no llega a cubrir.

En Neurem diseñamos programas de rehabilitación que incorporan esta evidencia, adaptando cada ejercicio a la fase de recuperación y a las necesidades concretas de cada paciente tras un ictus.

Referencias

1. Williams, E.R., VanDerwerker, C.J., Ross, R.E., Evans, E.M., Gregory, C.M. (2023). Effect of power training on rate of torque development and spatiotemporal gait parameters post stroke. Clinical Biomechanics. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10198926/

2. Power training in chronic stroke individuals: differences between responders and nonresponders (2017). Topics in Stroke Rehabilitation, 24(7), 496-502. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28482762/

3. Concurrent neuromechanical and functional gains following upper-extremity power training post-stroke (2013). Journal of NeuroEngineering and Rehabilitation, 10:1. https://jneuroengrehab.biomedcentral.com/articles/10.1186/1743-0003-10-1

4. Kang, D., Park, J. (2025). A Community-Based Resistance Training Exercise for Post-Stroke Patients with Sarcopenia: Bridging Institutional and Community-Based Rehabilitation in a Multicenter, Randomized Controlled Trial. Life, 15(5), 748. https://www.mdpi.com/2075-1729/15/5/748

5. Post-Stroke Optimization of Walking using Explosive Resistance (POWER) training. Protocolo de ensayo clínico. https://clinicaltrials.gov/study/NCT03826771

6. Sociedad Española de Neurología (SEN). Día Mundial del Ictus: datos de incidencia y prevalencia en España. https://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link491.pdf

Nota: este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye la valoración individualizada de un profesional sanitario. Cualquier programa de entrenamiento de potencia en personas con ictus debe adaptarse a la fase de recuperación, las comorbilidades y las limitaciones específicas de cada paciente.