Menos es más.

Nuestro procesador central prefiere que nos quedemos sentados en el sofá viendo cualquier programa en la televisión antes que salir a caminar. Cuestiones de eficiencia energética.
Todos los animales que tenemos la capacidad de movernos poseemos un cerebro. Es una máquina hecha para planificar, para adaptarse y para ser eficiente en todo momento.
Esta eficiencia es la que lo convierte en un férreo ahorrador de energía. No va a mover un dedo a menos que sea estrictamente necesario. No va a realizar un movimiento para fijarse en un objeto a menos que ese objeto en particular le resulte interesante.

Vale, ¿qué tiene que ver esto con la terapia?

Mucho.

cerebrodaño

 

La capacidad de procesamiento de un sujeto sin daño cerebral es amplia, pero limitada. Podemos estar leyendo este texto ahora y puede que a nuestro alrededor estén sucediendo cosas. Alguien puede estar hablando, huele a café, oímos el sonido de un coche por la calle, etc., pero nuestro cerebro sólo se está fijando de forma consciente en el texto, porque en este momento hemos decidido que sea prioritario para nosotros.
Todo esto por una sencilla razón: ahorrar energía. Si nos fijamos sólo en lo importante, seremos eficientes, para lo demás están los procesos inconscientes que juegan en otra liga.

En una persona que ha sufrido daños en su cerebro, esta capacidad de atención estará limitada por la propia lesión —hay menos neuronas operativas, algunas se han destruido y otras están siendo reparadas, lo que implica otro gasto energético añadido— y, por tanto, si antes de la lesión el cerebro era eficiente con lo que al gasto energético se refiere, ahora debe serlo mucho más.

Si presentamos a una persona con daño cerebral un número de estímulos elevado, por ejemplo, le pedimos que escuche nuestra voz, que contraiga un músculo determinado y que a la vez se mantenga en pie y nos conteste a lo que le estamos pidiendo, lo más probable es que no haga bien ninguna de estas tareas. Simplemente el cerebro dice: «Basta. Es demasiada información».

Por eso, es importante presentar un número de estímulos asumibles por el paciente y tener en cuenta en todo momento que si la capacidad de procesar información del terapeuta está en 100, posiblemente la del paciente que tiene delante esté en 40. Centrarse en una acción determinada para realizar una función motivante para el paciente es suficiente para conseguir que el cerebro emplee todo su potencial en hacerlo bien.

En ocasiones, menos es más.