Activo y activo.

 

El pasado mes de octubre nos preguntaron en el XXX Congreso Nacional de Enfermedades Neuromusculares celebrado en Vigo si preferíamos un tratamiento en el que el paciente fuese un sujeto pasivo o un tratamiento en el que el paciente fuese un sujeto activo en el que el peso de la terapia recayera sobre el propio paciente y no sobre el terapeuta (al menos en lo que a movimiento se refiere).

Nosotros contestamos que siempre, siempre, siempre activo.

Y la respuesta dio lugar a la confusión.

— ¿Siempre?

— Sí.

— Pero el paciente está encamado y tiene muy poca o ninguna movilidad activa.

— También.

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¿Qué le ha pasado a mi médula espinal?

Saludos a todos, dedicamos la entrada de hoy a hablar sobre la lesión medular.
No vamos a entrar en aspectos neurofisiológicos, sino que nos quedaremos en algo sencillo.
Simplemente vamos a explicar algo de lo que se habla con poca frecuencia: qué ocurre en mi médula tras la lesión. Quizá, entender lo que ocurre en la médula espinal cuando se produce la lesión nos ayude a entender por qué un daño tan minúsculo, en ocasiones, tiene una repercusión funcional tan grave.

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¿Por qué me encojo?

Hoy rescatamos una entrada de el blog de Óscar en la que se explica la razón de la tendencia al acortamiento de estructuras en el caso de patologías neurológicas e incluso una de las posibles causas de que muchas de las personas que tratamos estén siempre con una tensión muscular muy elevada que les impide moverse en su día a día como les gustaría.

Podríamos definir el movimiento como un nexo común entre los seres vivos del planeta. Si bien es cierto que no todos los seres vivos se desplazan (nadie en su sano juicio ha visto caminar a un roble, ni a una maceta de geranios), sí que todos experimentan el movimiento, bien sea a nivel interno, como en el caso de los vegetales para transportar fluidos a través de ellos, o como en el caso de los humanos a nivel interno y externo, para poder interactuar con la realidad.
Por tanto, en condiciones no patológicas, los seres vivos experimentan el movimiento de una forma u otra, para poder alimentarse, relacionarse, reproducirse… En definitiva, para poder sobrevivir.
Esta premisa nos ha llevado a preguntarnos:

¿Es similar la forma de experimentar la lesión en todos los seres vivos?

¿Sería extrapolable la forma de experimentar la lesión a grupos de seres, como por ejemplo, a una sociedad?

 

 

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Menos es más.

Nuestro procesador central prefiere que nos quedemos sentados en el sofá viendo cualquier programa en la televisión antes que salir a caminar. Cuestiones de eficiencia energética.
Todos los animales que tenemos la capacidad de movernos poseemos un cerebro. Es una máquina hecha para planificar, para adaptarse y para ser eficiente en todo momento.
Esta eficiencia es la que lo convierte en un férreo ahorrador de energía. No va a mover un dedo a menos que sea estrictamente necesario. No va a realizar un movimiento para fijarse en un objeto a menos que ese objeto en particular le resulte interesante.

Vale, ¿qué tiene que ver esto con la terapia?

Mucho.

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La capacidad de procesamiento de un sujeto sin daño cerebral es amplia, pero limitada. Podemos estar leyendo este texto ahora y puede que a nuestro alrededor estén sucediendo cosas. Alguien puede estar hablando, huele a café, oímos el sonido de un coche por la calle, etc., pero nuestro cerebro sólo se está fijando de forma consciente en el texto, porque en este momento hemos decidido que sea prioritario para nosotros.
Todo esto por una sencilla razón: ahorrar energía. Si nos fijamos sólo en lo importante, seremos eficientes, para lo demás están los procesos inconscientes que juegan en otra liga.

En una persona que ha sufrido daños en su cerebro, esta capacidad de atención estará limitada por la propia lesión —hay menos neuronas operativas, algunas se han destruido y otras están siendo reparadas, lo que implica otro gasto energético añadido— y, por tanto, si antes de la lesión el cerebro era eficiente con lo que al gasto energético se refiere, ahora debe serlo mucho más.

Si presentamos a una persona con daño cerebral un número de estímulos elevado, por ejemplo, le pedimos que escuche nuestra voz, que contraiga un músculo determinado y que a la vez se mantenga en pie y nos conteste a lo que le estamos pidiendo, lo más probable es que no haga bien ninguna de estas tareas. Simplemente el cerebro dice: «Basta. Es demasiada información».

Por eso, es importante presentar un número de estímulos asumibles por el paciente y tener en cuenta en todo momento que si la capacidad de procesar información del terapeuta está en 100, posiblemente la del paciente que tiene delante esté en 40. Centrarse en una acción determinada para realizar una función motivante para el paciente es suficiente para conseguir que el cerebro emplee todo su potencial en hacerlo bien.

En ocasiones, menos es más.

El día que salimos en la tele.

La semana pasada tuvimos la suerte de recibir en el centro a Olaya López, periodista de Localia Vigo, que realizó un reportaje sobre uno de nuestros pacientes y su familia y también una pequeña entrevista a Mirian y Óscar en la que respondieron a preguntas sobre el primer año de vida de Neurem, los tipos de terapia y el día a día en el mundo de la neurorrehabilitación. Os dejamos aquí el enlace al programa.

 

¿Por qué quieres tratarme en mi casa?

La tan recurrente pregunta que muchos de nuestros pacientes nos hacen cuando les planteamos hacer una sesión en el domicilio.

La terapia en una sala de rehabilitación al uso, gimnasio, box o cualquier lugar fuera del hogar donde se haga terapia no es más que una simulación de la realidad y, en parte, también un entorno que facilita el trabajo al profesional.

Un claro ejemplo es que si cualquiera de nosotros aprende a conducir en un circuito cerrado, sin coches y en el que si me salgo de la pista dispongo de metros de tierra para frenar, cuando circule por una ciudad con tráfico, ruido y mucho movimiento a mi alrededor, quizá tantas horas en el circuito no me hayan enseñado a valerme por mí mismo en una circulación real.

 

Con la neurorrehabilitación pasa algo parecido.

Al principio, cuando el cerebro todavía no puede procesar un gran flujo de información, una sala de terapia con los estímulos necesarios puede facilitar mucho el reaprendizaje de tareas —como en el símil del coche, si las primeras sesiones de conducción las hacemos en un circuito, podremos concentrarnos mejor y no habrá estímulos que nos perturben—, pero, a medida que el cerebro va asumiendo mejor el manejo de la información, lo propio es devolverlo paulatinamente a un entorno real. Y ahí es cuando nos vamos al domicilio.

Llevamos a cabo nuestras actividades del día a día fundamentalmente en nuestras casas y en nuestro entorno cercano y no necesariamente (salvo que seas terapeuta) en un centro de neurorrehabilitación.

El trabajo en casa facilita el reaprendizaje: al utilizar nuestros utensilios diarios estimulamos nuestra memoria y al desarrollar tareas que tienen una aplicación práctica inmediata nos motivamos. En cuanto al movimiento, reaprender las destrezas de movimiento en espacios cerrados como el domicilio o el entorno cercano supondrá un aumento de la motivación con la consiguiente cascada de procesos neurofisiológicos que facilitarán la aparición de nuevas conexiones a nivel cerebral.

Y por esto es por lo que nos gusta tanto desarrollar parte del tratamiento en las casas de las personas con las que trabajamos.

Primer año de vida

Neurem celebra estos días su primer aniversario. Un año en el que hemos crecido gracias a todos los que habéis depositado vuestra confianza en nosotros. Un año en el que hemos aprendido a ser un poquito gestores, un poquito limpiadores profesionales, y mucho sobre las relaciones humanas que vemos día a día. Un año en el que hemos conocido la provincia realizando domicilios por sitios tan dispares como Vigo, Baiona, Tomiño, A Guarda, Porriño, Mos, Cangas, Moaña, Marín y Pontevedra.
Si tuviéramos que definir en una palabra el año que ya hemos cumplido, lo definiríamos con la palabra aprendizaje.
Si antes de lanzarnos a esta aventura ya teníamos claro que la familia, el entorno y las emociones del paciente eran claves en su proceso recuperador, este año ha sido un máster intensivo en el que hemos comprobado de primera mano (y nunca mejor dicho) como la participación activa de la familia en la terapia, como un entorno proactivo alrededor del paciente y el cambio hacia unas emociones positivas, siembra el camino a una mejor recuperación de las funciones perdidas.
Gracias a todos por este aprendizaje y gracias a todos por el apoyo.

 

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BIENVENIDOS

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Un saludo,

Neurem.