Activo y activo.

 

El pasado mes de octubre nos preguntaron en el XXX Congreso Nacional de Enfermedades Neuromusculares celebrado en Vigo si preferíamos un tratamiento en el que el paciente fuese un sujeto pasivo o un tratamiento en el que el paciente fuese un sujeto activo en el que el peso de la terapia recayera sobre el propio paciente y no sobre el terapeuta (al menos en lo que a movimiento se refiere).

Nosotros contestamos que siempre, siempre, siempre activo.

Y la respuesta dio lugar a la confusión.

— ¿Siempre?

— Sí.

— Pero el paciente está encamado y tiene muy poca o ninguna movilidad activa.

— También.

Si asumimos el significado de activo como la capacidad que tienen los seres humanos de generar su propio movimiento es correcto, pero puede que existan casos como el que exponía nuestra compañera en el que la persona no pueda generar su propio movimiento.

En ese caso, por activo entendemos la capacidad que tiene la persona de ser consciente del
tratamiento que se le está realizando y de percibir los movimientos o sensaciones táctiles que el terapeuta está generando durante el tratamiento.

Bien es cierto que no hay un movimiento activo tal como pensamos, pero sí hay una actividad
cerebral centrada en el movimiento, que activará neuronas y circuitos neuronales que se
«encenderían» de igual forma con un movimiento generado de forma activa.

Se activan las mismas áreas cuando movemos una mano que cuando pensamos en mover una mano.

Incluso si esa persona no puede generar movimiento, el hecho de sentir movimiento, tacto, presión, temperatura o cambios de posición de su cuerpo tendrá efectos beneficiosos en la conservación de su esquema corporal, en evitar la pérdida de neuronas derivada de un proceso de inmovilización prolongado, en la activación de circuitos cerebrales a nivel de la formación reticular que influirá positivamente en la regulación sueño-vigilia, etcétera.

Nuestro cerebro genera y siente el movimiento de nuestro cuerpo y aunque no nos desplacemos, nuestro cerebro se activará por igual.